El camino de Diego Azar hacia la cima del automovilismo argentino
De un interés que se fue acrecentando con el paso del tiempo a un proyecto profesional, Diego Azar construyó su propio camino en el automovilismo, entendiendo que el talento solo no alcanza.
Aunque creció en una familia ligada al deporte, siendo hijo del ex piloto Javier Azar, Diego confesó que fue recién en su adolescencia, tras empezar a girar en karting, cuando surgió su propia conexión con la actividad.
En esta charla, repasa su recorrido desde el Top Race hasta el Turismo Carretera, las nuevas exigencias del automovilismo actual- desde la ingeniería hasta la preparación del piloto-, la presión mental de competir y por qué el nivel argentino sigue siendo una referencia.
De hobby a proyecto de vida
No todos los pilotos crecen soñando con correr. En el caso de Diego Azar, el automovilismo estuvo siempre cerca, pero no fue amor a primera vista: su papá corría, él acompañaba, y durante años fue más espectador que protagonista. “Lo vivía desde afuera. Veía la pasión, el esfuerzo, pero de chico lo acompañaba sin involucrarme tanto”. Recién a los 14 años, después de que su abuelo lo llevara a girar en kartings, algo cambió. Ahí apareció la conexión, primero por curiosidad y después por disfrute.
A diferencia de muchos pilotos que empiezan desde muy chicos, Azar tuvo un recorrido más gradual. Aunque tuvo su paso por el karting, rapidamente dio el salto a los autos de carrera, donde empezó a tomar dimensión real de lo que implica competir: “Cuando pasé a autos de carrera fue cuando hice el clic. Ahí decidí que si lo iba a hacer, lo iba a hacer de manera profesional”.
Su desarrollo lo llevó a consolidarse primero en el Top Race, una categoría clave en su formación, donde no solo ganó experiencia y resultados, sino que también peleó mano a mano por los títulos y se coronó campeón del Top Race V6, afianzándose como uno de los pilotos más destacados de la divisional. Ese proceso terminó de moldear su perfil antes de dar el salto a la escalera de la ACTC, con el Turismo Carretera como objetivo final, el sueño de tantos pilotos del país. “En el Top Race me formé. Ahí entendí lo que implica trabajar de esto, prepararte y sostenerte en el tiempo”.
Antes de llegar al Turismo Carretera, Azar transitó varias temporadas en la escalera de la ACTC: debutó en TC Mouras en 2021, destacándose desde el primer año con victorias y actuaciones sólidas, y luego consolidó su crecimiento con tres temporadas en la telonera, el TC Pista, sumando múltiples podios, cuatro victorias y mostrando consistencia y talento en cada carrera, hasta ganarse con mérito el ascenso a la máxima categoría.
El TC: otra liga
El paso al Turismo Carretera no fue simplemente un cambio de categoría. Diego lo describe como un nivel de exigencia total, donde cada detalle cuenta y no hay margen de error. “Te lleva a exigirte al 100% en todos los aspectos. Cuando llegás todo se vuelve mucho más pesado, tenés que hacer todo excelente, sino no funcionás”.
La diferencia, según explica, no está solo en la calidad de los pilotos, sino en cómo funciona el conjunto: estructura, desarrollo, ingeniería, presupuesto y constancia. Todo pesa, todo influye, y el TC no perdona improvisaciones ni descuidos. “En otras categorías podés compensar más cosas. En el TC no. Si no tenés el conjunto bien armado, es muy difícil ser competitivo”. Cada decisión, desde la puesta a punto hasta la estrategia en pista, se vuelve determinante.
Lejos de verlo como un obstáculo, lo considera uno de los grandes valores de la categoría: su nivel eleva a todos los que participan y marca la diferencia entre destacarse o quedarse atrás. El TC te exige por completo y no te deja relajarte; cada entrenamiento, cada vuelta y cada carrera demandan concentración, constancia y adaptación constante. Esa exigencia integral es lo que hace que sea mucho más que una categoría.
En su recorrido, cada etapa fue clave para consolidarse como piloto y seguir aprendiendo. La llegada a Mercedes se presentó como un nuevo desafío dentro de su carrera, una oportunidad para aplicar todo lo aprendido y seguir evolucionando junto a un equipo sólido. “Siempre valoro mucho a la gente que me acompañó y que confió en mí en distintos momentos”, reconoce Azar, destacando la importancia de la continuidad, del trabajo bien hecho y de aprovechar cada experiencia para crecer profesionalmente.
El rol del piloto hoy
Otro de los temas que surgió en la entrevista fue el cambio en la dinámica entre piloto y equipo técnico. Con el avance de la tecnología y la reducción de pruebas, el trabajo se volvió mucho más preciso, y Diego destacó que el rol de los ingenieros es fundamental para lograr competitividad.
No se trata solo de correr; cada ajuste, cada dato y cada prueba en pista requieren un equipo altamente profesional y coordinado. La preparación del auto, la interpretación de la telemetría, el desarrollo de componentes y la constante comunicación entre piloto e ingenieros hacen la diferencia entre ser competitivo o no en categorías como el Turismo Carretera.
“Hoy la telemetría tiene muchísimo peso. El piloto sigue siendo clave para correr y clasificar, pero en la preparación del auto la parte de datos es fundamental”.
Aun así, Azar deja en claro que la experiencia del piloto sigue siendo muy importante. La capacidad de interpretar cómo responde el auto, de transmitir sensaciones precisas al equipo y de trabajar en conjunto con los ingenieros sigue siendo parte central del rol. Según él, incluso con toda la tecnología disponible, un piloto que sabe leer el auto y comunicarlo correctamente puede mejorar resultados significativamente.
“Cuando un piloto con experiencia dice algo, se lo escucha. Porque arriba del auto pasan cosas que también hay que saber interpretar”.
Pero en sus palabras, el éxito no es solo del piloto: es un esfuerzo conjunto donde la ingeniería, el análisis de datos y la intuición en la pista se complementan, formando un equipo que funciona como un todo. Sin esa coordinación, hasta el talento más grande se complica para rendir al máximo, algo que Azar siempre resalta cuando habla de su trabajo y de lo que exige correr a este nivel.
La exigencia mental
Si hay algo que atraviesa todo el automovilismo, y especialmente el Turismo Carretera, es la presión. Diego lo plantea sin dramatizar, pero con claridad, dejando en evidencia que la competencia no es solo técnica: también es un desafío mental constante, en un entorno donde la cabeza del piloto se pone a prueba en cada vuelta.
“Aprender a manejar la frustración es clave. Porque podés pasar de ganar un fin de semana a estar muy atrás el que le siguió”.
En una categoría donde el nivel de pilotos es alto, la regularidad se vuelve un desafío enorme. No alcanza con ser rápido: hay que ser constante, tomar decisiones precisas bajo presión y adaptarse a cada situación que se presenta en pista. La capacidad de mantener la calma, evaluar riesgos y responder a los imprevistos marca la diferencia entre los pilotos que se destacan y los que se quedan atrás.
“Tenés que estar preparado para todo: para cuando te va bien y para cuando no. Es parte del juego”.
Azar destaca que el trabajo con psicólogos deportivos suma, sobre todo en la formación y el desarrollo de la mentalidad del piloto. Aprender a entrenar la cabeza, controlar las emociones y mantener la concentración es tan determinante como el entrenamiento en pista.
La preparación mental se convierte en un pilar más dentro del automovilismo de alto nivel.
Dos categorías, dos exigencias
Al comparar el TC con el TC Pick Up, Azar no busca jerarquizar una sobre otra, sino marcar sus diferencias. Para él, cada una exige cosas distintas del piloto y del equipo: “El TC es más complejo desde lo técnico y desde la conducción. Pero la Pick Up es muy exigente porque no te permite errores”. Según explica, las camionetas son más inestables, lo que obliga a manejar con un margen mínimo de equivocación. “Donde te equivocaste un poco, la camioneta te lo hace sentir enseguida. Eso genera mucho estrés arriba del auto”.
Esa exigencia quedó clara desde la primera fecha de la temporada 2026 de TC Pick Up en La Plata, donde Azar se quedó con la victoria al volante de su Fiat Toro. Durante la carrera mostró concentración y ritmo, manteniéndose entre los primeros y defendiendo cada curva con precisión, adaptándose, demostrando temple y consistencia.
Más allá del triunfo, manejar la Pick Up pone en evidencia lo que Azar siempre destaca: la categoría exige no solo reflejos y talento, sino también cabeza fría y manejo de la presión. Cada curva, cada adelantamiento y cada frenada requieren atención constante, y su victoria demuestra cómo sabe adaptarse en medio de la exigencia de la carrera.
Presente y Futuro
Azar se refirió a la posibilidad de correr en el exterior como un objetivo a futuro, especialmente en categorías vinculadas al endurance. Sin embargo, fue claro al valorar el nivel del automovilismo argentino: “No siento que haya que subestimar lo que tenemos acá. Al contrario: el automovilismo argentino tiene un nivel muy alto y te exige muchísimo, tanto al piloto como al equipo”. Según su experiencia, esa exigencia forma pilotos muy completos, capaces de adaptarse a distintos contextos y de competir en escenarios diversos.
Sobre su presente, lo define como una etapa de trabajo y evolución. Sin entrar en polémicas, deja en claro que el foco está puesto en seguir desarrollando el proyecto Mercedes y crecer como equipo: “Sabemos que estamos en un proceso. Hay mucho por mejorar y el objetivo es seguir evolucionando carrera a carrera”. En esa línea, pone el acento en la construcción a largo plazo, en el aprendizaje y en la consistencia como base para dar el salto competitivo.
A lo largo de la charla, Azar deja algo claro: ser piloto hoy es mucho más que manejar. Es entender el auto, trabajar con el equipo, sostener un proyecto y, sobre todo, mantenerse. Su recorrido, desde un interés que empezó “un poco más tarde” hasta un presente profesional consolidado, refleja justamente eso: un proceso construido con tiempo, decisiones y adaptación.
Para él, esa exigencia constante y la necesidad de estar al 100% en todo momento es lo que hace que el TC no sea solo una categoría: “El TC te exige en todo. Y eso es lo que lo hace tan especial”.

